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Oaxaca; el punto ontológico de la contingencia
Casi todos en Oaxaca saben bien de años que se negocia chantajeando. No en balde se trata por excelencia de la tierra del caciquismo, más aparte el mezcal y el mole, mismo que correrá si no hay prudencia, pues prudencia es hacerse a un lado cuando hay viene el tren.
Según reproducciones de La Jornada, algunos comunicados del EPR están planteando la cosa como que si no cae el gobernador Ulises Ruiz, entonces lo que viene es la Lucha de Clases (con altas). Uno de los problemas del radicalismo es que supone que el programa es negociable, cuando si hay algo irrenunciable es el programa, y no la cabeza de tal o cual gobernador, aquí y ahora. En realidad, el discurso rupturista del radicalismo oaxaqueño, no es y no ha sido sino una válvula de escape al constitucionalismo por la vía de la disolución de poderes y la sempiterna posibilidad de la Asamblea Constituyente. ¿Cómo? Desde arriba, en el Congreso, a través de un gobierno transitorio que llame a nuevas elecciones estatales. La Reforma (plebiscito, segunda vuelta, registro de candidatos “independientes”.
Los movimientos sociales no hacen sino expresar en forma de “sujeto” los tropiezos de la reproducción capitalista en el mismo momento de la transformación de los valores en precios. La puesta a tiempo del mercado desde su lado de la demanda (ahora tenemos que tragar café quemado, por un descuido aquí en el texto que nos cegó olfato y oído por un largo momento –el café se regocijaba en las temperaturas del infierno como si ese fuese su medio (Mario Santiago dando de brincos en la matatena del vicio)-- Y así, abrir paréntesis al infinito, cosa que es un modo.
Cuando Zizek señala la necesidad de construir una tercera vía distante de las instituciones estatales y de los movimientos sociales, está dando en el clavo. Los movimientos sociales son la conciencia a posteriori de los desajustes de la reproducción capitalista, y al concebirse como sujetos no dejan de refundar el YO, pese a ser éste un nosotros, o sea, un colectivo. El YO cooperativo, asociacionista, de las cartas del cartismo, que sustituyó en el mundo moderno, reformista, al viejo Estado absolutista por mecanismos de mercado. De ahí que el “punto de vista” de los “movimientos sociales” consista en no tener un punto de vista. Es el aquí y el ahora la existencia o, como dice Jameson, el punto ontológico de la contingencia.
(Segunda parte)
Quedamos pues en que durante toda la época histórica que se llamó "modernidad", comprendida entre los siglos XIII y XX, la cosa llamada "multitud" era algo que su sola existencia molestaba la delicada sensibilidad de los pensadores liberales de "izquierda" o de "derecha", quienes como Víctor Hugo en los años 1832-1848, en el mejor de los casos se compadecían de ella, pero nunca le reconocieron ninguna potencialidad positiva, no digamos revolucionaria. Hubo ocasiones, durante esa larga época, que la multitud fue comparada con una mujer lasciva a la cual sólo había que poseer y nada más.
Recuérdese, también, por añadidura, que en la mente de Hobbes, Rousseau y Hegel la multitud era considerada como caos y como guerra.
Dicho enfoque sobre esta cosa llamada multitud aparece en la historia del pensamiento social junto con el despunte de la sociedad capitalista en el siglo XVI. Entonces como resultado del nuevo modo de producción y la división del trabajo, los individuos aislados se presentaron a los ojos del observador poco escrupuloso como unidades básicas a partir de las cuales se construía toda la sociedad; en otras palabras se estableció como hecho social y como ideología una compartimentación cada vez más estricta de la experiencia de los hombres. A un nivel más abstracto, dice John Rees, esta concepción del mundo se desplegó en diversas teorías filosóficas como son el empirismo, el positivismo y la lógica formal.
Estos enfoques filosóficos pretenden que los hechos de una situación dada son aproximadamente tal como aparecen al observarlos por primera vez; que los compartimentos en los que encontramos tales hechos son propiedades inevitables e inalterables de las cosas mismas, no el producto del desarrollo histórico impuesto al mundo por la manera de entenderlo; que las relaciones entre estos hechos son menos importantes que cada hecho tomado aisladamente, y que este complejo de hechos es más o menos estable o, si se desarrolla, lo hace de manera ordenada y enteramente explicable en términos de causa y efecto. El positivismo, además se caracteriza por el rechazo de los juicios de valor en las ciencias sociales y la creencia de que la ciencia "debe preocuparse... sólo por los hechos y relaciones observables".
Este es pues, en esencia, el fundamento científico del pensamiento liberal en la modernidad, aun de sus formas más vulgares.
Aclarado este punto pasemos a sintetizar lo que piensan algunos marxistas posmodernos en torno a la multitud y sus diferencias con los conceptos "pueblo", "masas", y otros términos emparentados.
Empecemos apuntando algunas ideas en relación con el concepto pueblo, según Antonio Negri:
"El concepto pueblo aparece, pues, en la modernidad como una producción del Estado. El pueblo es entendido como el conjunto de los ciudadanos propietarios que han abdicado de su libertad a cambio de la garantía de la propiedad. Su libertad, tras haber sido un derecho natural absoluto, se convierte ahora en un derecho público (subjetivo), esto es, el Estado garantiza el grado y la medida de libertad de los individuos, útil para el funcionamiento de la maquinaria estatal y para la reproducción de las relaciones de propiedad. Los derechos subjetivos sólo se reconocerán en la medida que estén fijados en el ordenamiento jurídico. Este concepto de Estado, de pueblo y de los derechos consecuentes ha perdurado hasta nuestros días exactamente como la idea de soberanía. En la concepción tradicional moderna, la idea de pueblo mantiene las dos características hobbesianas: la primera, la de una traslación de soberanía, y la segunda, la constitución del pueblo como conjunto de individuos propietarios."
Negri añade que, cada uno por su lado y en formas distintas, Hobbes, Rousseau y Hegel produjeron el concepto de pueblo a partir de la trascendencia soberana, es decir, lo definieron como una criatura del poder estatal. Y en cuanto a las diferencias del concepto pueblo con el de multitud Negri afirma que "mientras la multitud es una confusa relación constitutiva, el pueblo es una síntesis constituida que está preparada para la soberanía. El pueblo presenta una única voluntad y una sola acción, independientes de las diversas voluntades y acciones de la multitud y con frecuencia en conflicto con ellas. Toda nación, afirma, debe convertir a la multitud en pueblo."
Al menos así sucedió durante la modernidad.
Luego entonces pueblo y multitud no son la misma cosa, como frecuentemente lo entiende el vulgo.
Antonio Negri apunta que los orígenes del discurso sobre la multitud se encuentran en la interpretación subjetiva del pensamiento de Benedictus Benito Spinoza.
Como temática enteramente spinozista tenemos ante todo la del cuerpo (humano), y en particular la del cuerpo poderoso. "Vosotros no sabéis lo que puede el cuerpo." Y multitud es el nombre de una multitud de cuerpos... El cuerpo es, pues, primero tanto en la genealogía como en la tendencia, tanto en las fases como el resultado del proceso de constitución de la multitud.
Luego añade Negri: "Ahí donde se ha definido el nombre de la multitud contra el concepto de pueblo, y donde se ha recordado que la multitud es un conjunto de singularidades, debemos traducir este nombre desde la perspectiva del cuerpo, es decir, aclarar el dispositivo de una multitud de cuerpos. Cuando prestamos atención a los cuerpos, advertimos que no nos hallamos sólo ante una multitud de cuerpos, sino que comprendemos que cada cuerpo es una multitud. Cruzándose en la multitud, cruzando multitud con multitud, los cuerpos se mezclan, se mestizan, se hibridan y alteran, son como las olas del mar, en continuo movimiento y en perpetua y recíproca transformación. Las metafísicas de la individualidad (y/o de la persona) constituye una pavorosa mistificación de la multitud de los cuerpos. Para un cuerpo no hay posibilidad de estar solo. Ni siquiera se lo puede imaginar. Cuando se define al hombre como individuo, cuando se lo considera como fuente autónoma de derechos y de propiedades, se le deja solo. Pero lo propio no existe más que con relación al otro. Las metafísicas de la individualidad, cuando se confrontan al cuerpo, niegan la multitud que constituye el cuerpo para negar la magnitud de los cuerpos. La trascendencia es la llave de toda metafísica de la individualidad como lo es de toda metafísica de la soberanía. Desde la perspectiva del cuerpo no hay, en cambio más que relación y proceso. El cuerpo es trabajo vivo, es pues, expresión y cooperación, construcción material del mundo y de la historia."
En la próxima entrega continuaremos explicando el significado ontológico de la multitud.
Héctor Marck
Carl Schmitt, Adolf Hitler, Alfred Rosember y Joseph Goebbels y otros teóricos y propagandistas del nazismo alemán.
Mc Lean,
Antonio Negri, Guías, Paidós, México, 2003, p.
Ver la doctrina spinoziana sobre el hombre: "A su vez el cuerpo humano se compone de un número muy grande de individuos distintos »
Antonio Negri, Guías, pp. 136-137.