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Oaxaca; el punto ontológico de la contingencia
Casi todos en Oaxaca saben bien de años que se negocia chantajeando. No en balde se trata por excelencia de la tierra del caciquismo, más aparte el mezcal y el mole, mismo que correrá si no hay prudencia, pues prudencia es hacerse a un lado cuando hay viene el tren.
Según reproducciones de La Jornada, algunos comunicados del EPR están planteando la cosa como que si no cae el gobernador Ulises Ruiz, entonces lo que viene es la Lucha de Clases (con altas). Uno de los problemas del radicalismo es que supone que el programa es negociable, cuando si hay algo irrenunciable es el programa, y no la cabeza de tal o cual gobernador, aquí y ahora. En realidad, el discurso rupturista del radicalismo oaxaqueño, no es y no ha sido sino una válvula de escape al constitucionalismo por la vía de la disolución de poderes y la sempiterna posibilidad de la Asamblea Constituyente. ¿Cómo? Desde arriba, en el Congreso, a través de un gobierno transitorio que llame a nuevas elecciones estatales. La Reforma (plebiscito, segunda vuelta, registro de candidatos “independientes”.
Los movimientos sociales no hacen sino expresar en forma de “sujeto” los tropiezos de la reproducción capitalista en el mismo momento de la transformación de los valores en precios. La puesta a tiempo del mercado desde su lado de la demanda (ahora tenemos que tragar café quemado, por un descuido aquí en el texto que nos cegó olfato y oído por un largo momento –el café se regocijaba en las temperaturas del infierno como si ese fuese su medio (Mario Santiago dando de brincos en la matatena del vicio)-- Y así, abrir paréntesis al infinito, cosa que es un modo.
Cuando Zizek señala la necesidad de construir una tercera vía distante de las instituciones estatales y de los movimientos sociales, está dando en el clavo. Los movimientos sociales son la conciencia a posteriori de los desajustes de la reproducción capitalista, y al concebirse como sujetos no dejan de refundar el YO, pese a ser éste un nosotros, o sea, un colectivo. El YO cooperativo, asociacionista, de las cartas del cartismo, que sustituyó en el mundo moderno, reformista, al viejo Estado absolutista por mecanismos de mercado. De ahí que el “punto de vista” de los “movimientos sociales” consista en no tener un punto de vista. Es el aquí y el ahora la existencia o, como dice Jameson, el punto ontológico de la contingencia.